18 de enero de 2012

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Reflexiones sobre el liderazgo.

By: WBR On: 12:18
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  • ASAMBLEA EN LA CARPINTERÍA


    Hubo en la carpintería una extraña asamblea; las herramientas se reunieron para arreglar sus diferencias. El martillo fue el primero en ejercer la presidencia, pero la asamblea le notificó que debía renunciar. ¿La causa? Hacía demasiado ruido, y se pasaba el tiempo golpeando.
    El martillo reconoció su culpa, pero pidió que fuera expulsado el tomillo: había que darle muchas vueltas para que sirviera de algo.
    El tomillo aceptó su retiro, pero a su vez pidió la expulsión de la lija: era muy áspera en su trato y siempre tenía fricciones con los demás.
    La lija estuvo de acuerdo, con la condición de que fuera ex¬pulsado el metro, pues se la pasaba midiendo a los demás, como si él fuera perfecto.
    En eso entró el carpintero, se puso el delantal e inició su trabajo, utilizando alternativamente el martillo, la lija, el metro y el tomillo.
    Al final, el trozo de madera se había convertido en un lindo mueble.
    Cuando la carpintería quedó sola otra vez, la asamblea reanu¬dó la deliberación. Dijo el serrucho: “Señores ha quedado demostrado que tenemos defectos, pero el carpintero trabaja con nuestras cualidades. Eso es lo que nos hace valiosos. Así que no pensemos ya en nuestras flaquezas, y concentrémonos en nuestras virtudes”. La asamblea encontró entonces que el martillo era fuerte, el tomillo unía y daba solidez, la lija limaba asperezas y el metro era preciso y exacto. Se sintieron como un equipo capaz de producir hermosos muebles, y sus diferencias pasaron a segundo plano.


    Cuando el personal de un equipo de trabajo suele buscar defectos demás, la situación se vuelve tensa y negativa. En cambio al con sinceridad de percibir tos puntos fuertes de los demás flore- s mejores logros. Es fácil encontrar defectos — cualquier necio hacerlo—, pero encontrar cualidades es una labor para los espíritus superiores que son capaces de inspirar el éxito de los demás.

    TODOS SOMOS ÁGUILAS

    Un campesino fue al bosque con el objeto de atrapar un pájaro para tenerlo cautivo en su casa. Consiguió cazar un pichón de águila y lo puso en el gallinero, junto con las gallinas, donde reci¬bía el mismo tratamiento que estas.
    Después de cinco años, el campesino recibió la visita de un naturalista. Mientras paseaban por el jardín, éste dijo:
    —Este pájaro no es una gallina; es un águila.
    —Así es —contestó el campesino—. Pero yo la crié como ga¬llina, y ya no es un águila. Se transformó en una gallina como las otras, a pesar de tener alas de casi tres metros.
    —Se equivoca —replicó el naturalista—. Ella es y será siem¬pre un águila, pues tiene corazón de águila. Ese corazón la hará volar a las alturas algún día.
    —No, no —insistió el campesino—. Se convirtió en gallina, y jamás volará como águila.
    Entonces decidieron hacer una prueba. El naturalista levantó el águila y la desafió:
    —Ya que eres un águila, ya que perteneces al cielo y no a la tierra, i abre tus alas y vuela...!
    El águila se posó sobre el brazo extendido del naturalista. Miró distraídamente alrededor y, al ver a las gallinas allá abajo, pico¬teando granos, salto junto a ellas. El campesino comentó:
    —Le dije que se convirtió en gallina...
    —No —insistió el naturalista—, es un águila. Y un águila será siempre un águila. Haremos mañana un nuevo experimento.
    Al día siguiente, el naturalista se subió al techo de la casa, con el águila, y le susurró:
    —Ya que eres un águila, ¡abre tus alas y vuela!
    De nuevo, el águila vio a las gallinas picoteando el suelo, y saltó junto a ellas. El campesino sonrió y volvió a la carga:
    —Se lo dije ¡se convirtió en gallina!
    —No —respondió firmemente el naturalista—. Es un águila, y siempre tendrá corazón de águila. Vamos a experimentar por última vez. Mañana la haré volar.
    Al día siguiente, el naturalista y el campesino se levantaron bien temprano. Llevaron al águila a las afueras de la ciudad, lejos de las casas de los hombres, en lo alto de una montaña. El sol naciente doraba los picos de la cordillera. El naturalista levantó el animal y le ordenó:
    —Ya que eres un águila, ya que perteneces al cielo y no a la tierra, ¡abre tus alas y vuela!
    El ave miró alrededor. Temblaba, como si se enfrentara a una nueva vida. Pero no voló. Entonces, el naturalista la tomó firmemente, la puso en dirección al sol, para que sus ojos pudiesen llenarse de la vastedad del horizonte, y la arrojó al vacío. En ese momento, el águila abrió sus potentes alas, graznó el típico kau kau de estas aves y se levantó, soberana, sobre sí misma. Se alejó volan¬do, cada vez más alto, hasta confundirse con el azul del firma¬mento.


    Todos los hombres nacemos como águilas. Pero si alguien nos hace pensar como gallinas, es posible que creamos que eso somos. Pero somos águilas, debemos aprender a volar. No nos contentemos con los granos que nos arrojan a los pies para picotear.



    LOS DOS HALCONES


    Un rey recibió como obsequio dos pichones de halcón y los entregó al maestro de cetrería para que los entrenara. Pasados unos meses, el instructor le comunicó que uno de los halcones estaba perfectamente educado, pero que no sabía qué le sucedía al otro: no se había movido de la rama desde el día de su llegada a palacio, e incluso había que llevarle el alimento hasta aquí.
    El rey mandó llamar a curanderos y sanadores de todo tipo, pero nadie pudo hacer volar al ave. Encargó entonces la misión a miembros de la corte, pero nada sucedió; por la ventana de sus habitaciones, el monarca veía que el pájaro continuaba inmóvil. Publicó por un bando entre sus súbditos solicitando ayuda, y a la mañana siguiente vio al halcón volar ágilmente por los jardines.
    —Traedme al autor de ese milagro —dijo.
    En seguida le presentaron a un campesino.
    — ¿Tú hiciste volar al halcón? ¿Cómo lo lograste? ¿Eres mago, acaso?
    Entre feliz e intimidado, el hombrecito explicó.
    —No fue difícil, Su Alteza: sólo corté la rama. El pájaro se dio cuenta de que tenía alas y se lanzó a volar.

    Así mismo los seres humanos. Estamos atados al pasado y al presente porque no nos hemos dado cuenta de que tenemos el poder de volar y buscar nuestro verdadero destino'.'
    Algunos tienen el privilegio de que algún acontecimiento rompa la rama de la costumbre. De la seguridad. Sólo entonces se dan cuenta de que son superiores a las circunstancias.

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